Cansar

No sé qué le hice al cansancio,

pero resulta que ya estoy

cansado

de su cansar.

Porque el cansancio

también cansa.

 

Añoro el reposo,

el frescor que caracteriza

toda falta de cansancio.

Lo que ocurre

es que él mismo

no se cansa,

haciendo la vida imposible

a todos aquellos

que sí lo hacemos.

 

Persecución sin fin.

Él aparece al final

de cada esfuerzo,

de cada empeño,

de cada derrota.

Aparece también en medio

de cada sudor,

de cada desaliento,

de cada desidia,

de mi desidia.

 

Oh, cansancio,

tú que revelas

nuestros límites,

tú que evidencias

nuestra debilidad,

la escasez de

nuestras fuerzas…

Dime,

¿qué será de nosotros cuando

desfallezcas?

Sergio Cernadas

Corcubión, 20 de maio de 2012

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